El águila se reía a placer del pingüino. Le parecía un animal feo, torpe y lo más patético, incapaz de volar. ¿Dónde se ha visto un pájaro que no sepa volar? El pingüino, quiso proponerle algo al águila. ¿Por qué el águila no lo cogía, y lo llevaba a volar con ella? Así conocería la sensación que supone surcar los cielos. A cambio, después él la llevaría a conocer las profundidades del océano. El águila, ansiosa por mostrar su grandeza, aceptó el trato del pingüino. Y así fue como el pingüino, sujetado por las garras del águila, pudo conocer lo que suponía volar. Y también fue el día en que la grandeza del águila llegó a su fin, ya que en su viaje a las profundidades se ahogó…

Ramón…

El Pequeño Cuento de… El Águila y el Pingüino…
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