Una amiga le dijo a la otra: «Por más que miro, no veo nada que me interese. Y tampoco he logrado que nada de lo que escucho me lo explique. No me veo capaz de oler lo que se me viene encima. No consigo ponerlo al alcance de mis manos para poder tocarlo. Con todo esto, la vida, no me sabe a nada…». Y su amiga le respondió: «Todo esto que me cuentas, no tiene ningún sentido…».

Ramón…

El Pequeño Cuento de… El Sentido de la Lógica…
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