El vampiro vigilaba con sigilo a aquella mujer. Se fue acercando poco a poco. Cuando la tuvo a su alcance se lanzó sobre su presa. Se dispuso a clavar los colmillos en la aterrorizada víctima, pero algo lo hizo detenerse. Reconoció a la mujer. La había visto miles de veces por TV, ya que se trataba de una tristemente famosa política. No iba a chuparle la sangre. El vampiro era feroz, pero no muy amigo de practicar el canibalismo. Se marchó por donde había venido, con la esperanza de encontrar una nueva víctima.

Ramón…

El Pequeño Cuento de… La Esperanza del Vampiro…
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