El zapatero estaba triste. Veía como la profesión que antaño fue de su bisabuelo, después de su abuelo, seguido por su padre, y finalmente propia, estaba condenada a la extinción. Ya nadie arregla nada. Cuando se estropea algo, simplemente lo cambian por otra cosa nueva.
Vender zapatos nuevos no le seducía. A él siempre le había hecho feliz poder reparar las cosas. De modo que en la búsqueda de una nueva vocación, finalmente creyó encontrar la que se ajustaba plenamente a sus aspiraciones. Una profesión en la que siempre está todo por arreglar, y que por más cosas que se estropeen raramente las cambian por algo nuevo.
Y así fue como el zapatero acabó siendo político…
Ramón…
El Pequeño Cuento de… “La Vocación del Zapatero”…
Etiquetado en:

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: