Un día en que su paciencia llegó al límite, les dijo a todos los que le rodeaban: «¡Sois unas sanguijuelas!». Indignados por lo que acababan de escuchar, le reprocharon: «¿Cómo puedes decirnos esto? ¡Nosotros, que estamos siempre cerca de ti para que te sientas mejor y para aliviarte todos tus males!». No pudo evitar que se le escapara un poco la risa: «Precisamente para eso, para aliviarte tus males y que te sintieras mejor, te cubrían de sanguijuelas. Pero en realidad lo que ellas se limitaban a hacer, era chuparte la sangre.».

Ramón…

El Pequeño Cuento de… Las Sanguijuelas…
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